JENTILBARATZA (Arista de Ataun) 260 m / máx. V

Busco entre mis recuerdos y creo que no ha pasado un año desde que, yendo a una de Orientación, le pregunté a mi amigo Rafa:  Oye, ¿tú escalas? Me contestó que no, pero que sí lo hizo hacía muuuuuchos años.  Todavía resuena en mis oídos ese “NO voy a escalar más”, tajante y categórico.  Sin embargo, cuando me contó, así…. por encima…. lo que había hecho en sus años mozos, pensé directamente que iba a ser un buen compañero de cordada……  Ya encontraría la manera de despertar a ese “monstruo” que a uno se le queda dentro una vez ha cacharreado por ahí.

Unos cuantos “tiras y aflojas” y ¡¡¡zas!!!! me veo escalando un día en Peñas de Aia con él.  Mi media sonrisilla delataba que me había salido con la mía.  Facilón, he de reconocer que no ha sido, se ha hecho de rogar un poco…. pero eso es lo que después hace que algo sepa mucho mejor.

Son las 7:20h de la mañana y aún ando imprimiendo la reseña de esa arista y también alguna otra,  con una sonrisa de oreja a oreja.  Como siempre, tampoco he dormido esta noche, no creí que mi cerebro todavía guardase el registro de las emociones pasadas, de lo que se había convertido en un hábito hacía como 10 años atrás y de lo que nunca llegué a acostumbrarme.

Pasamos el barrio San Martin de Ataun y nos metemos por el desvío que nos conduce a Arrareta hasta que divisamos la peña a la que queremos subir.  Esa cara nos muestra la enorme cicatriz de lo que fue una cantera en su día.  Tranquilamente vamos preparando lo que necesitamos.  Afloran de nuevo aquellos sentimientos silenciados.  Ni el dolor de tripas ni la tontuna tardan en aparecer.

Hemos esperado más de una hora a que se despejara el día.  Alguna gota se había escapado de los nubarrones grises que iban y venían dejando entrever un bonito, brillante y prometedor cielo azul de vez en cuando.  En un “tris” estamos a pie de vía, estudiando la reseña y decidiendo por donde vamos a empezar a escalar.

Rafa sube de primero.  Entretanto estoy allí asegurándole respiro hondo como tantas y tantas veces he hecho mientras esperaba lo mismo…. mi turno.  No hablamos, no hacemos señales, no emitimos ningún tipo de sonido para avisar de algo.  Es una sensación increíble.  Es como haber escalado con esa persona toda la vida…… “es una señal”…. pienso mientras sonrío, esta vez enseñando muuuuuucho los dientes.  En el tercer largo caímos en la cuenta de que igual necesitábamos un idioma para poder entendernos:  un silbido, estoy asegurado…. otro silbido, sube…..  Pero creo que no hacía falta.  Después de tanto tiempo sin escalar, agradezco esa confianza … o ese fluir.  ¡¡Estoy tan a gusto!!

Jentilbaratza arista. Tercer largo

Encadenamos un largo tras otro, cinco en total.  La roca es de una adherencia excepcional lo que aumenta cada vez más mi seguridad.  Mientras Rafa recoge cuerda, me quedo embobada viendo como se desliza hacia arriba, me doy cuenta de la gran cantidad de fósiles que hay incrustados en la roca.  Me doy cuenta de que en cada largo mi emoción es más grande.  Procuro distraerla viendo a las lagartijillas correr arriba y abajo …… el calor aprieta y ellas se apresuran.  Me saca de mi pensamiento el tirón de la cuerda.  Ahora ya no pienso en nada.

Mi mente está tranquila, disfruto.  Y llego al primer escollo, ya en el primer largo.  No sé, yo diría que salvaba mejor los 4c.  De hecho no lo supero……. Rafa, muy caballero él, hace que lo pase, tensando muy tensa la cuerda.  Eso no es un 4c.  Los siguientes son muy sencillos, tanto que hasta me deleito en buscar algún paso para notar la adherencia de la roca y comprobar que no me caigo.  El cuarto largo me pondrá nuevamente en mi sitio.  Un precioso diedro-chimenea que no se como sacar más que subiendo con la cuerda bien tensa, tensísima, recontratensa y apoyando las rodillas donde no debiera.  Eso tampoco es un 4b.  Mucho tiempo sin atarme a una cuerda.

Jentilbaratza arista. Cuarto largo

Llegamos a la cima de Jentilbaratza (465 m).  Las vistas desde ahí arriba son preciosas y extensas.  No me extraña que allí arriba se construyera un castillo defensivo del que todavía quedan los restos.  Descendemos al collado y luego hacia la derecha en busca de una canal que destrepamos hasta llegar a un árbol, de donde rapelamos y nos ponernos en la línea del empinadísimo sendero que nos llevará, bordeando toda la peña, de nuevo al lugar de partida.

Vistas desde la cima de Jentilbaratza

Jentilbaratza. Vistas desde la cima

Jentilbaratza cima (465 m)

Y entre risas y muchos planes en mente nos vamos de allí.  Yo con la ilusión del que atisba un volver de nuevo a sentir esa emoción tan intensa que se vive cuando estás a un extremo de la cuerda, el que sea…. esa que te agita el corazón cuando oyes el tintineo de los cachivaches, esa que te retuerce las tripas y que te hace sonreír y de forma única, cada vez …… como si fuera la primera.

Rapelando en el descenso de Jentilbaratza

 

Reseñas: 

http://eskalatzencas.blogspot.com/2010/10/la-arista-de-ataun-4c-250-m-4b-obligado.html

Iturritxa, J.  Aristas y Crestas de Euskal Herria.  Editorial SUA.  Febrero 2011.

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